02 noviembre, 2011

Vals de un difunto.

El silencio inundaba la habitación de manera tal que, a medida que la oscuridad iba acomodándose en el tiempo, generaba olas y olas de recuerdos que acababan chocando fuertemente contra mi cabeza. El transmisor había dejado de pasar esa mediocre melodía que me irritaba aun mas que sentir mi propia respiración, mis latidos, al igual que todo aquello que me recordara que ahí estaba, vivo e infeliz. Postrado sobre aquel sillón de terciopelo, la cenizas de mi cigarro caían sobre mi pierna. Ahí iba mi ultimo tabaco, mi licor, mi familia, mi felicidad. Podía ver desde mi trono como todo se desmoronaba, se esfumaba.
La temporada de Jazmines había terminado hace tiempo. Mi flor mas preciada estaba marchita, aun la conservaba solo por la fragancia putrefacta que despedía, intentando expresar a través de ella la venganza por haberla privado de su libertad. Use como auto castigo el aspirar cada día ese aroma moribundo, lo merecía tanto, yo le hacia mal pero quería poseerla.

Entristecido y apenado le di a mi garganta el ultimo baño de aquel dulce elixir, mis labios se golpeaban el uno con el otro dándole paso a la ultima balada, el ultimo verso. Yo te amé, mis ultimas palabras.

2 comentarios:

Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.

De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.

Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.