27 junio, 2012

Fue un día de marzo.

Todo lo que quiera escuchar, todo lo que necesitaba recibir venia únicamente de la persona equivocada, ¿cómo podía ella no estar confundida? ¿por qué no pensar en si misma solo por primera vez? La satisfacción de complacer a otros se acabó en el momento en el que recordó que tenía sentimientos. Pero sufrir era también uno de éstos, y ya se había hecho costumbre, a tal punto que comenzó a confundir dolor con amor. Amaba la forma en la que la hacía sufrir.
Existen muchas cosas imposibles y ésta era una de tantas. Pero no había nada más que hacer que aceptarlo y aprender a vivir con eso... y sin aquello. También sabía que su amor tenía fecha de vencimiento. El tiempo es rápido, la espera... escasa. Lagrimas caían de su corazón por haber fallado nuevamente, y frente a sus ojos dejar ir a lo perfecto, una vez más, por pensar en todo menos en si misma. Idiota, triste, solitaria, vacía. La nada se regocija al saber que lo es todo al lado de tan patética criatura.



Fue un día de marzo que lo sentí.  

1 comentario:

Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.

De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.

Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.