01 agosto, 2012

Roma


Tus hombros son el lugar mas cómodo que un alma atibulada puede elegir para ser.
Tus ojos, el vacío donde mi corazón se desprende y se pierde.
Tu voz, una grata melodía que convierte mi penas en forasteras de un lugar insustancial.
Una extraña sensación que me fuerza a curvar las palabras y le permite a la brisa merodear por mis blancas piezas.
El inciso, el canino, luego el premolar.
Quise darle motivo al incidente y termine por colocarle tu nombre.
Dile que se adueñe de la nada, que hoy por hoy lo es todo.
Que no exista más aquel desierto existencial, que no quiero retornar a esa ausencia de tu apego.
Porque sensación mas apacible que tu presencia no debería ser envuelta nuevamente por la soledad.
Sucumbir entre tu esencia, perpetuar el amor.
Seamos hoy, por siempre.

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Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.

De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.

Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.