11 enero, 2014

Pesadilla veinticuatro siete (no es suerte).

 Parte II de la desdicha.


Las personas carecen de color, los alimentos de gusto y tu piel de textura o mis manos de tacto. Pero de esto último, ¿cuántos años han pasado? Pesan más que los que creo tener en cuenta. Tantos, tantos que hasta existía algo más que estás cuatro columnas de dolor que no tienen vida, y este corazón que no es más que un simple órgano motivado por la inercia y la cobardía. Mi amor, demasiado tiempo y mucha agua salada en mi pecho y mi mirada. Mi vida, mi valentía. Muerto en un mundo al que no pertenezco, que mi casa es otro sitio y son tus senos, tus caricias y las ganas de ser que te robaste antes de irte.

¡Qué egoísta!
¡Qué tortura!
¡Qué ganas de sufrirte en carne propia!

Corazón, me estoy durmiendo para soñarte y no falta mucho, pero aquellos que no comprenden mi sufrimiento me llenan de la más terrible droga que me aferra a esta realidad tan tortuosa, e indispensable cuando me ataca la impaciencia por sufrir un rato más. Este amargo elixir de suicida arrepentido que no me deja llegar a vos, el insomnio que me prohibe rozar tus labios con los míos, mis palabras y las tuyas, el amor que es de los dos y que no supimos manejar. Vos tan sola donde sea que hayas huido, yo tan triste por no volver a transformar la comisura de tus labios pesimistas. Y aunque te odié en el último momento y continúe aferrado a esa parte de mi que no quiere dejar de hacerlo, no puedo olvidar la culpa y estas ganas de matarme. Me dejaste con las últimas palabras y no eran "te quiero".

Estas paredes, por lo menos con un sitio donde caer, entre tanta gente que me mira de reojo pero no me ve, sosteneme. Mis alas y tus recuerdos, una primer mirada al cielo tras arrastrarme por tanto suelo húmedo. Que linda te ves, hasta podría distinguir la punta de tus rizos y me ataría eternamente. Que linda y que triste te ves. Entre tanta gente que no existe, hoy te dejo (no como vos a mí). ¡Llevame! Vayamos a pasear como solíamos hacer luego de cada pelea, esto ya ha durado más de lo que ambos podemos soportar. Te ruego que me escuches. Mirá, te lo perdono todo. Te lo perdono y lo hago porque voy a tu lado y me dejo llevar, sin drogas ni obstáculos, sin rejas ni soledad. 
Solos los dos, sin soledad.

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Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.

De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.

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