26 noviembre, 2013

Nube no me ve, ella es inmune a los corazones.


Ni cuando abrí los labios, siquiera en el último golpe, no. Te fuiste por otra parte, hacia otro lugar tan lejano en donde nadie te alcanza, pero por fin sos feliz entre libertades condicionadas mejores que las que yo pude otorgarte. No fue mediante palabras, ni suspiros, tampoco entre gritos o portazos. Ni caminando, ni por medio de desesperados trotes. Te escapaste navegando contenta, sin tener que cargar con el peso de ningún ancla más sobre tus hombros. A través de charcos, ríos y hasta mares nacidos de mis noches en vela. Sin dejar rastros o algún sonido, únicamente estas numerosas tormentas, tantas goteras que aún no puedo reparar. Y reparar... reparar en el hecho de que estoy sumida en un océano de recuerdos de aquellos buenos momentos, las buenas caricias y noches cálidas donde florecían memorias a pesar de la sequía. 

¡No puede ser! Te estás yendo, allá vas, naufragando con mi último salvavidas, abrazada por mi última esperanza. Y ya no te distingo desde esta orilla que de a poco va menguando por causa de la hambrienta marea, que como nosotras, no quiere dejar huella de aquello que pueda llegar a permitir que nos tratemos bien una vez más. 
¡No puede ser! Ya no te veo y quiero creer que tampoco alcanzas a observar que lentamente me voy ahogando.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.

De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.

Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.