Contemplaba el desteñido color de
las sedas que hace ya tanto tiempo allí se hallaban, con su singular tono
grisáceo el cual lograba hacerme sentir identificado. Bailaban suavemente en
compañía del refrescante viento. Allí no hacia más que observar, callado,
acompañado únicamente del sonido de la brisa y los latidos de mi desahuciado corazón. Mirar, pensar, actos que se repetían día a día. En unas horas
comenzaría a humedecerse mi semblante a causa de las memorias, de tu recuerdo y
de nosotros.
Intentando escapar del castigo
cotidiano me paré bruscamente, arrojando mi asiento unos cuantos centímetros
tras de mí. Buscaba desesperado el pasaje hacia una conciencia limpia, eran un
par de papeles simplemente los que podían quitarle unos gramos a este enorme
peso en mi pecho. Se apoderaba de mí la taquicardia y se ausentaba el aire,
imposibilitándome el aliento de seguir. Me detuve unos minutos, frente a mí
estaba mi palma introduciéndome pastillas, al parecer las únicas que se
esmeraban por mantenerme vivo, y esto no era más que un hábito, un reflejo
causado por una repugnante rutina. Una vez retomado mi pulso habitual continué
con mi búsqueda, recorrí todo tipo de recuerdos hasta encontrar lo deseado. Una
carta que recién hoy había decidido enviar de una vez. Volví a colocar la
mecedora en su lugar correspondiente y concentrado abrí el sobre dispuesto a
leer. Las palabras que nunca pude alcanzarte estaban acá:
"Todos los días robabas mi
atención únicamente con tu presencia, pero nunca fui capaz de dedicarte una
sonrisa. Creo que eso te alejó de mí, jamás haberte hecho saber que día a día
caminaba, respiraba, amaba y era por y para vos. Y no soy capaz de
arrepentirme, porque así era y así seré siempre. Y aunque serlo me cueste la
vida, el amor y todo, no voy a cambiar. Porque ya es tarde, porque ya no estas.
Algo que amaba, era verte intentar
lo imposible para aceptarme por como soy, porque querías amar todo de mí, y lo
hiciste, pero no podías vivir así porque vos no sos así. Sólo necesitas amor, y
yo no podía otorgartelo, porque era demasiado pero lo quería todo para mí.
Cuando te decidiste a marchar no
lloraste, nunca lo hiciste frente a mí, siempre mis ojos se impactaban frente
tu hermosa sonrisa. Cuando te fuiste no mostraste tu amor. Mi amor. Sólo fuiste
un espejo en el que me ví reflejado en cada una de tus expresiones y en tu voz. No fue la
primera vez que te odie, lo hacia cada vez que te mostrabas tan gentil, tan
pura e inocente frente a quien era todo lo contrario. Nunca aprendiste nada más
que a ser vos misma, ¿por qué tuviste que tomar lo peor de mí y hacer de eso
una enseñanza, introduciéndolo a tus conocimientos? Nunca quise ver todo lo que
me mostraste el día que me abandonaste. Pero algún día tenia que pasar. Algún
día tenia que amar, que llorar, que perder.
Espero que recibas todo eso que
siempre deseaste obtener de mí y que nunca pude darte. No puedo decirte que si
hoy siguieras acá te lo daría, porque hoy no quiero verte más, porque no
soporto nada semejante a tu esencia. Y me gustaría verte muerta, de manera
inmediata, de una forma mediocre al igual que la promesa que me hiciste tiempo
atrás, que todas tus palabras que resuenan tarde, noche y madrugada dentro de
mi cabeza. ¿Quién sos hoy? ¿Aquella que no se imaginaba siendo la misma sin
sentir todo eso que alguna vez me juraste sentir? Sólo puedo echarte la culpa,
porque es lo único que me consuela por ser lo que soy.
Existen tantas frases que me
salvarían al escucharlas. No vuelvas a prometer nada porque las palabras pueden
lastimar aún más que los hechos. Y se que creías en cada uno de tus dichos,
pero hice todo lo posible para que termines por desmentirlos. Acabé por
quitarte la fe en vos misma, dejé de confiar en los demás. Al menos me llevo
algo tuyo. Y no vuelvas a pensar que podes por siempre pertenecer a una sola
persona, porque es cuestión de dos, y el amor es todavía más sensible que vos.
Cumplí aunque sea una sola cosa,
nunca te olvides de mí. Recordame siquiera de la peor manera, pero hacelo. No
te falles más, no te vuelvas a engañar. Y no tengas miedo, no dejes de querer
sólo por haberte topado con un idiota como yo.
Mientras tanto yo, no dejo de
extrañarte."
Espero una señal que me indique
que ahora me odias más por demostrarte algo tan tarde. Espero tus palabras,
aunque me sentiría bien escuchar tus gritos. Espero... y me doy cuenta de lo
doloroso y agobiante que es hacerlo.
"Tenías ojos pero nunca una
mirada, nunca me viste. Tu corazón apenas late por inercia. Te esperé, te esperé,
te esperé y entre telarañas y polvo me intoxiqué hasta casi pudrirme por
dentro. Pasaste de ser nombre a apellido, amor a olvido. Hasta el afecto más
grande se cansa de la indiferencia. Y no es necesario ni un reproche, porque no
tengo derecho, porque no pude causarte nada, porque el problema fuimos ambos y
porque no fuiste capaz de ver dentro de mí y de confiar, por lo tanto no vale
la pena.
'Nunca me descuides y nunca te voy
a dejar' El primero en fallar, fracasaría. Esta vez te tocó a vos pero ambos
terminamos por perder.
Te extraño sólo porque me olvide
de la parte mala de estar con vos."

Escribió, y me liberó el alma
rompiéndola en mil pedazos. Me enamoré del egoísmo y acabé solo,
moribundo. Y hasta un minuto antes de morir, tumbado en mi propio lecho, no hice más que extrañarla. No dejo de sufrir la pérdida de lo que hoy con más certeza
que nunca, con toda la certidumbre existente, puedo decir, fue el amor de mi
vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.
De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.
Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.