13 septiembre, 2012

Fui mi propio verdugo.


Contemplaba el desteñido color de las sedas que hace ya tanto tiempo allí se hallaban, con su singular tono grisáceo el cual lograba hacerme sentir identificado. Bailaban suavemente en compañía del refrescante viento. Allí no hacia más que observar, callado, acompañado únicamente del sonido de la brisa y los latidos de mi desahuciado corazón. Mirar, pensar, actos que se repetían día a día. En unas horas comenzaría a humedecerse mi semblante a causa de las memorias, de tu recuerdo y de nosotros.
Intentando escapar del castigo cotidiano me paré bruscamente, arrojando mi asiento unos cuantos centímetros tras de mí. Buscaba desesperado el pasaje hacia una conciencia limpia, eran un par de papeles simplemente los que podían quitarle unos gramos a este enorme peso en mi pecho. Se apoderaba de mí la taquicardia y se ausentaba el aire, imposibilitándome el aliento de seguir. Me detuve unos minutos, frente a mí estaba mi palma introduciéndome pastillas, al parecer las únicas que se esmeraban por mantenerme vivo, y esto no era más que un hábito, un reflejo causado por una repugnante rutina. Una vez retomado mi pulso habitual continué con mi búsqueda, recorrí todo tipo de recuerdos hasta encontrar lo deseado. Una carta que recién hoy había decidido enviar de una vez. Volví a colocar la mecedora en su lugar correspondiente y concentrado abrí el sobre dispuesto a leer. Las palabras que nunca pude alcanzarte estaban acá:

"Todos los días robabas mi atención únicamente con tu presencia, pero nunca fui capaz de dedicarte una sonrisa. Creo que eso te alejó de mí, jamás haberte hecho saber que día a día caminaba, respiraba, amaba y era por y para vos. Y no soy capaz de arrepentirme, porque así era y así seré siempre. Y aunque serlo me cueste la vida, el amor y todo, no voy a cambiar. Porque ya es tarde, porque ya no estas.
Algo que amaba, era verte intentar lo imposible para aceptarme por como soy, porque querías amar todo de mí, y lo hiciste, pero no podías vivir así porque vos no sos así. Sólo necesitas amor, y yo no podía otorgartelo, porque era demasiado pero lo quería todo para mí.
Cuando te decidiste a marchar no lloraste, nunca lo hiciste frente a mí, siempre mis ojos se impactaban frente tu hermosa sonrisa. Cuando te fuiste no mostraste tu amor. Mi amor. Sólo fuiste un espejo en el que me ví reflejado en cada una de tus expresiones y en tu voz. No fue la primera vez que te odie, lo hacia cada vez que te mostrabas tan gentil, tan pura e inocente frente a quien era todo lo contrario. Nunca aprendiste nada más que a ser vos misma, ¿por qué tuviste que tomar lo peor de mí y hacer de eso una enseñanza, introduciéndolo a tus conocimientos? Nunca quise ver todo lo que me mostraste el día que me abandonaste. Pero algún día tenia que pasar. Algún día tenia que amar, que llorar, que perder.
Espero que recibas todo eso que siempre deseaste obtener de mí y que nunca pude darte. No puedo decirte que si hoy siguieras acá te lo daría, porque hoy no quiero verte más, porque no soporto nada semejante a tu esencia. Y me gustaría verte muerta, de manera inmediata, de una forma mediocre al igual que la promesa que me hiciste tiempo atrás, que todas tus palabras que resuenan tarde, noche y madrugada dentro de mi cabeza. ¿Quién sos hoy? ¿Aquella que no se imaginaba siendo la misma sin sentir todo eso que alguna vez me juraste sentir? Sólo puedo echarte la culpa, porque es lo único que me consuela por ser lo que soy.
Existen tantas frases que me salvarían al escucharlas. No vuelvas a prometer nada porque las palabras pueden lastimar aún más que los hechos. Y se que creías en cada uno de tus dichos, pero hice todo lo posible para que termines por desmentirlos. Acabé por quitarte la fe en vos misma, dejé de confiar en los demás. Al menos me llevo algo tuyo. Y no vuelvas a pensar que podes por siempre pertenecer a una sola persona, porque es cuestión de dos, y el amor es todavía más sensible que vos.
Cumplí aunque sea una sola cosa, nunca te olvides de mí. Recordame siquiera de la peor manera, pero hacelo. No te falles más, no te vuelvas a engañar. Y no tengas miedo, no dejes de querer sólo por haberte topado con un idiota como yo.
Mientras tanto yo, no dejo de extrañarte."

Espero una señal que me indique que ahora me odias más por demostrarte algo tan tarde. Espero tus palabras, aunque me sentiría bien escuchar tus gritos. Espero... y me doy cuenta de lo doloroso y agobiante que es hacerlo.

"Tenías ojos pero nunca una mirada, nunca me viste. Tu corazón apenas late por inercia. Te esperé, te esperé, te esperé y entre telarañas y polvo me intoxiqué hasta casi pudrirme por dentro. Pasaste de ser nombre a apellido, amor a olvido. Hasta el afecto más grande se cansa de la indiferencia. Y no es necesario ni un reproche, porque no tengo derecho, porque no pude causarte nada, porque el problema fuimos ambos y porque no fuiste capaz de ver dentro de mí y de confiar, por lo tanto no vale la pena.
'Nunca me descuides y nunca te voy a dejar' El primero en fallar, fracasaría. Esta vez te tocó a vos pero ambos terminamos por perder.
Te extraño sólo porque me olvide de la parte mala de estar con vos."


Escribió, y me liberó el alma rompiéndola en mil pedazos. Me enamoré del egoísmo y acabé solo, moribundo. Y hasta un minuto antes de morir, tumbado en mi propio lecho, no hice más que extrañarla. No dejo de sufrir la pérdida de lo que hoy con más certeza que nunca, con toda la certidumbre existente, puedo decir, fue el amor de mi vida. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.

De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.

Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.