Algo que no me faltó jamás cuando era chiquita fueron amigos
de trapo, confidentes de felpa y una familia de plástico. Inventiva para
crearme todo un mundo de fantasías del que era difícil despegarme, en el que me
refugiaba todas las tardes hasta la hora de la merienda o de irme a la cama. Mi
felicidad era inmensa, mis ansias de crear un mundo, lo maravilloso de jugar.
Cada peluche tenía una personalidad y una historia que contar. Fue así como di
mis primeros pasos imaginando historias y relatándolas en tardes de lluvia o
cuando se iba la luz y daba paso a la unión de los pares en una pequeña habitación
frente a una vela abrazada por la inmensa oscuridad. Siempre en silencio, sin que
nadie me oyera, había gritos, risas, llantos y un sinfín de emociones dentro de
peluches con corazón de algodón. A mis siete años desarrollé un interés por
atesorar cada relato, cada aventura de mis compañeros. Y fue así, cuando con
una letra totalmente torcida y poco legible, y una ortografía que dejaba mucho
que desear, comencé a dar los primeros trazos de una amistad repleta de obstáculos
cotidianos y situaciones extrañas que en el último párrafo no dejarían nada más
que una valiosa muestra de lo que es el amor incondicional entre individuos
cercanos. Mis primeros cuentos acerca de un perro de flecos, un oso perezoso y
una pantera rosa que se paseaba con elegancia por cada una de las palabras. Había
conocido magos, payasos, visto animaciones y películas repletas de efectos
especiales, pero nunca había sentido algo tan mágico como darle vida tan fácilmente
a mis juguetes. Con una oración podía hacerlos reír, podía regalarle momentos
hermosos, hacerlos viajar y conocerlo todo. Era capaz darle la libertad de ser todo
eso que yo deseaba.
A medida que aumentaban las velas en mi torta de cumpleaños, ceremonia tan triste, empecé a dejarlos más tiempo dentro de su caja, eran cada vez más los días que no veían la luz, que no respiraban el aire y que no volaban en aviones de papel o conocían a personalidades mientras viajaban a través de palabras repetidas y errores gramaticales. Me vi obligada a forjar un carácter distinto con tal de enfrentar las adversidades que me impuso quien redacta mis días. Con el tiempo dejé de jugar, abandoné mi planeta de ensueño por una galaxia que aguardaba para devorarme por completo. Pero no lo logró, por lo menos hasta ahora, solo fue capaz de robarme un pedacito de mí, esa pequeña pizca de magia que extraño cada vez que vuelvo atrás en reflexiones de almohadas incomodas y madrugadas de insomnio. Pero la felicidad y ese sentimiento de salvación que tengo cada vez que recuerdo como escaparme de todo, nunca se pierde. Si bien es fea la sensación de que esa nena tan llena de vida es una persona totalmente diferente a lo que soy ahora, le agradezco eternamente por enseñarme el lugar donde deshacerme de todo lo malo.
Hoy, siendo todavía pequeña, vuelvo cada día a refugiarme en palabras. Y puede ser que haya cambiado, pero dejé de jugar con muñecos para jugar con las letras. Para enredar y ocultar en ellas cosas que no me animo a gritar. Para darle vida a nuevos personajes, a veces un tanto más reales y con situaciones menos fantasiosas. Para vivir otras vidas y escapar de los días repetidos. Para no morirme por dentro, para no ahogarme en la miseria, para no perder del todo la esperanza y para conservar lo poco que me queda de lo que soy y me gusta.
Dos años se cumplieron ya de la apertura de este espacio
virtual en el cual soy y no soy. Donde hablo de mí y donde no. Fue en diciembre
del dos mil diez cuando decidí dar inicio a algo que en este momento ya no
existe. Porque mi idea original del sitio era completamente diferente a lo
que crece hoy en día. Donde no tenía pensado introducir ni un solo pensamiento
personal, donde me negaba a contarle una historia a alguien. Y todavía me niego
y no quiero que muchos sepan que escribí sobre una traición, sobre una muerte,
una pasión o un mundo paralelo. Donde un hombre fue herido y un niño fue feliz.
Pero estoy agradecida a ese reducido grupo de personas que me alentaron a
seguir, que me hicieron sentir que no estoy tan perdida, y que es posible que
de a poco vaya encontrando mi lugar. Que me incentivaron a sentarme junto a un lápiz,
un papel y ganas de ser. Que me hacen pensar que no tengo que abandonar la idea
de soñar alto. Porque gracias a muchos comentarios aprendí a no conformarme y a
seguir mejorando.
Gracias por leerme desde el incógnito, desde la coincidencia o desde la cotidianeidad. Cigarettes and crap celebra un cumpleaños con alegría
y con ganas de seguir creciendo, siendo ésta una de las raras veces que así lo desea su fundadora en este tipo de fechas.
Desde lo más profundo, dejo por acá un “buena suerte” y un “feliz
vida” para quien esté interesado en tomarlo.
Trescientas sesenta y cinco oportunidades
nos están esperando.
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Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.
De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.
Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.