
Me quedo en babia mirándote por tiempo indeterminado o hasta que se te ocurra decir algo, me pierdo para no encontrarme entre palabras que posiblemente no quiera oír. Como que ya no me amas o que ya no te escucho. Aunque a veces no quiero escucharte, es que no quiero que me dediques más sonidos desgarradores como los de tus desconfianzas o tus malos tratos que me duelen y no me dejan respirar bien. Y así son las palabras, destruyen en una silaba lo que costó componer en párrafos. Viles asesinas a las que les debo también la vida, porque hay que reconocer que me han salvado más de miles de veces. Y hay para todo tipo, son como las personas. Están aquellas que pueden sacarte del pozo más profundo y están esas otras que logran hundirte aún más, pero al fin y al cabo ambas tienen el poder de destruirte por completo, y eso es a lo que tanto le temo el día de hoy.
A veces desconfío del amor que se aburre tan rápido de las personas y se va de un día para el otro sin siquiera dejar una nota o mandar un mensaje de texto, y hay tantas personas en el mundo intentando mediante hechos demostrar que quizás estoy en lo cierto. Quiero creer que me equivoco, quiero estar completamente equivocada. Para colmo los veo vivos y sus vidas continúan con total normalidad, cuando yo no puedo ni imaginar que sería de mí porque me es imposible pensar en un después. Pero hay un punto a favor y soy yo misma sintiéndome cada día más aferrada a lo que siento, creyendo firmemente que nunca voy a dejar escapar un sentimiento de todos estos que me haces sentir, de los lindos, claro está. Y si yo puedo supongo que es posible en alguna persona más, entonces no todo está perdido y puedo mantenerme a flote un poco más en este vaso de agua que la mayor parte del tiempo lo veo a punto de vaciarse. Jo, negatividades extremas si las hay.
Me quedo tonta mirándote todo el tiempo, intentando perderme en los orificios de tu mirada, pero la encuentro tan repleta de vida que no hallo un solo lugar por el cual escabullirme. Y es injusto porque quiero esconderme a toda costa y no puedo. Me quiero ocultar de todo eso que me persigue y no me deja ser lo quiero ser, lo que te puede hacer feliz. Ahí está el problema, que nada es justo para ambos. Porque no te mereces estar atado a una parte de lo que soy a consecuencia de lo que yo formo parte por mandato de quién sabrá qué del universo. Es todo una cadena que no puedo romper, sólo me queda esperar y ver como adelgazan mis debilidades hasta el punto de quedar en huesos y así poder deslizarme entre las esposas.
Cuando sea grande quiero ser prófuga, estar lejos, muy, muy pero muy lejos. Y yo no puedo hacer más que esperar un poco y por último invitarte cordialmente a acompañarme, que sabes, es mi deseo más grande. No importa que pase, cuantas palabras de aquellas logre oír, porque sé que al final de todo voy a seguir mirándote y te voy a querer, porque te quiero y amo hacerlo. El mundo está después de vos, después de mí, después de nosotros.
No es miedo a estar sola, sino terror a estar únicamente sin vos.
Las inseguridades me están matando.
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Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.
De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.
Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.