Se viste de payaso para verte reír una vez más, aunque lo hace por culpa y no por cariño. Y lastima la lástima que te tiene, entonces vos no reís. Dejaste de hacerlo el día en que él decidió dar un paseo de aquellos largos, que te sentás a esperar y ves pasar muchas lunas pero nunca amanece, jamás regresan las tardes ni esos soles que con tantas ansias querés volver a ver. Brillantes te iluminaban toda la carita mientras te despedías de muchas sonrisas, las únicas despedidas que soportabas. De a poco te dignas a abandonar los incómodos asientos de esa sala de espera, hasta que llega sólo para entretenerte, para que sonrías y achines los ojitos y te quedes un rato más con las estrellas y las noches, sin soles ni nubes. Sin embargo hay algo de lo que siempre se olvidada antes de marcharse, y es que de vez en cuando vivís madrugadas de tormentas que te dan mucho miedo y te querés ir, pero cada vez que lo intentas reaparece para mantenerte ahí. A pesar de que aquello sea lo que más ganas te da de dejar toda habitación existente en el planeta, no podés.
Te sentís chiquitita, como el adorno de una estantería vieja que se encuentra ahí únicamente para ser observada, para que haya alguien seguro de que ahí estas y de ahí no te vas a mover. No hay ojos que te observen de noche y de día, pero si te dejan ir sabrán que ya no existís y eso está mal. A eso se reduce tu ser y sabes perfectamente que eso no justo, luego recordás lo diminuta que sos.
Él, cuando se quita el disfraz vuelve a los errores de ayer y de siempre y te deja sola, únicamente para que te moleste porque es eso lo único que importa. Hasta que la culpa lo lastime y decida alargar su egoísmo un rato más. Pero tu paraguas está agujereado por demás y tenés agua hasta en los bolsillos. Sólo vas a tirarlo lejos, hasta que ya no se distinga en lo más lejano del horizonte y te vas a ir con cuidado de no caer en otro estante, porque tu vida no es eso, tu vida no es nadie, y ahora nada más querés convertirte de algo a alguien.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.
De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.
Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.