Si nos movemos en diagonal somos capaces de encontrarnos huyendo de ideas verticales que fatigan y se clavan como puñales, sentimientos horizontales hirientes si son descubiertos porque gritan tanta verdad. Solo así podemos cruzarnos sin cruzarnos en palabras que quiebran porque cruzan de verdad. Para no toparnos recurrimos a dar vueltas y vueltas como un par de locos, las idas y vueltas para no matarnos, hasta marearnos y creer que queremos tropezar el uno con el otro, idea atolondrada para días de lluvia emocional y tormenta física. Cuando chocamos el uno con el otro colapsamos, y en cada caída se hace una grieta que deja ver apenas una porción de lo que escondemos allí dentro; por tu lado, gris; por el mío, incierto.
¡Pucha! Otra vez estas llorando y me mojás los pies, obligándome a tomar frío y dormir mal por las noches. Pero sabiendo que era día de precipitaciones tuve que tener ganas de cruzarte, inevitables ganas de verte a los ojos (áridos) y tragarte por completo el alma para que se mantuviera así, despejada y sin vientos como esperaba encontrarla, ¡y cómo duele que así no sea! Pero finjamos que no interesa así te pinchás del todo y después puedo verte como quiero, seca, posando para el egoísmo que es parte de ese incierto que vos no podes descifrar, la mayor parte del tiempo porque no querés y tenés miedo.
A pesar de todo, peor hubiera sido cruzarnos ambos en línea horizontal, dejando ver todo lo que vos crees inentendible, mostrarme pulcro y transparente para que te des cuenta de que no hay ningún misterio que resolver y te decidas a cambiar de rumbo, siempre en círculos y sin querer marearte. Y aunque te duela, mi amor, no puedo permitirte el lujo de decepcionarte de mí, beneficio que le he otorgado a tantas y que me niego a que hagas uso de tal. Vos no tenés que descubrirme porque soy inalcanzable, como tus palabras si te enterás que yo también sufro de inundaciones.
Amor, llorá vos, llorá mucho. Llorá por mí que yo no puedo, que yo no sé, que yo no quiero que me veas, que soy un misterio.
Club monocromático, Junio 7.
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Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.
De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.
Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.