La cantidad de palabras que publiqué o simplemente redacté para mí misma en este último tiempo es proporcional a mi estado de ánimo durante el mismo. No sé cual de los dos es más importante, creo que logran complementarse bastante bien, por eso últimamente rondan los miedos por el deterioro completo de alguno de ellos. Si cae lápiz, tristeza no cesa. ¡Hace cuánto no cesa tristeza!La falta de motivación, la negación y la frustración son factores esenciales para el desastre. Sigo esperando que las cosas cambien, pero esperar de qué sirve? Tampoco sé que hacer frente a tales dilemas, los cuales cuesta distinguir cada vez más, o tal vez intento no ver hacia donde apuntan. Mi cabeza puede ser un blanco fácil y elemental, pero no voy a repetírmelo más, no quiero terminar creyendo que tengo razón. También se halla la existencia de los constantes planteos acerca de lo que significa absolutamente todo lo que me rodea, lo que me respira, me absorbe o me contamina, y está también esa enfermiza manía por intentar evitar sacar estas cosas a flote, contarlas acá, el lugar donde solía sentirme tan segura en épocas que apenas recuerdo. Ahora sé que unos pares vigilan estas letras, entonces ya no me encuentro tan tranquila. Estuve pensando en mudarme, pero le guardo cierto afecto a todas estas paredes virtuales dibujadas por tanta desesperación y angustia de ayer (y lamentablemente de hoy). ¡Qué se yo! Me abruma también el creer que no basta sólo con mis ganas de intentar cambiar las cosas, pensar en la idea de que inevitablemente necesito de alguien más. Y depender no me deja dormir.
¿Todo el mundo se sentirá igual de desprotegido que yo? Con ganas de esconderse, sin saber dónde, desesperados porque el tiempo se acaba... ¿Dónde? ¿Dónde hay un lugar para poder sentirse bien otro ratito y que sea suficiente para no volver a temblar de frío a la intemperie existencial? ¿Alguien fue capaz de encontrar aquel huequito de paz?
Estoy tan aburrida de los días y las horas, el tiempo que juega conmigo a su antojo, la gente que es un reloj. Cada vez hablo menos, escucho menos y escribo menos. El dolor nos va deshaciendo, pero se olvida como se siente con el paso de los meses y si eso pasa, todo puede pasar. Vale la pena ver las cosas pasar.
Esto es una breve despedida, espero que sea lo más pequeña posible. Me voy en busca de refugio, tomando las precauciones necesarias para poder encontrar la salida hacia otro lado. De todas formas tengo un largo rato hasta desechar todas estas cosas acerca de las que ya me cansé de escribir, espero que a la vuelta pueda impresionar con emociones diferentes. Y sino, aunque sea, regresar con aquel entusiasmo de poner en palabras lo que pasa y es bueno ver pasar.
Vamos a ver cuanto resiste un corazón hecho de porcelana.
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Todo relato redactado aquí me pertenece (salvo aquel en el que especifique lo contrario). Los hechos y/o personajes pertenecientes a cada uno de los textos son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Advierto que pueden existir excepciones.
De todas formas interprete las cosas como se le de la gana, ya que a mi nunca me hacen caso y sacan cualquier conclusión.
Cuénteme de usted o hábleme mal.
No más ordenes. Besos, abrazos y patadas.